Los toros de Antonio San Román han dado al traste con el último festejo de la feria madrileña de Valdemorillo, debido a la ausencia de casta y de fuerza de casi todos los ejemplares. A pesar de todos esos inconvenientes, Curro Díaz logró cortar una oreja del cuarto, Luis Bolívar quedó casi inédito y Miguel Tendero se esforzó por agradar en su vuelta a los ruedos.
En el primero de la tarde, se produjo el gran susto cuando Curro resultó prendido, afortunadamente sin consecuencias, al comienzo de faena. Antes, había toreado con cadencia y temple a la verónica a un toro que no se dejo picar y que nunca descolgó. Ese defecto se acrecentó en la muleta, embistiendo siempre con la cara muy alta y tirando derrotes al pecho.
Muy a contra estilo de Curro, el diestro sólo pudo dejar algún destello al natural, pitón por el que basó el trasteo. No anduvo acertado con la espada, saliéndose siempre en la suerte y dejando varios metisacas.
Una oreja cortó al manso cuarto, que sólo le aguantó dos tandas. A pesar de la poca duración, Curro Díaz se gustó en las dos series al natural sobre todo en dos largos y templados naturales, en los que dejó impronta de lo que lleva dentro, así como algún trincherazo muy torero. Antes, por el derecho, anduvo perfilón y acelerado, sin mandar nunca en la embestida. Una media en buen sitio fue suficiente para que el público, ávido de pasarlo bien, le pidiera el premio.
Luis Bolívar se esforzó, a veces en demasía, en componer la figura por intentar sacar algo de la sosa y descastada embestida de su primer San Román. Tan sólo logró el acople en algún derechazo, no sin imprimir algo de aceleración. Al final arrancó las palmas con las manoletinas y una estocada entera y desprendida, lo que hizo que le premiaran con una cariñosa ovación. Nada pudo hacer con el quinto, que rehuyó la pelea y con el que abrevió, agradeciéndoselo los aficionados.
Miguel Tendero, que reaparece tras el gravísimo percance de septiembre en Albacete, sólo pudo mostrar disposición ante un inválido, por fuerzas y casta, para la lidia. Realizó un trasteo a media altura, cuidando mucho al marmolillo pero sin poder llegar al tendido.
También fue de agradecer la voluntad de Tendero de agradar en el sexto, un animal dócil y noblón que se movía sin más, aunque con cierta humillación. Realizó una labor de muchos pases, algunos con mejor compostura que otros, forzando más la figura. Teniendo a la gente metida en la faena, se empeñó en estropear todo con el mal uso del acero. Dejó tres pinchazos antes de una estocada entera.