Las ganas y la actitud, a veces pasada de revoluciones, del novillero valenciano José Arévalo es lo poco destacable de la novillada que ha abierto la Feria de Fallas, en el estreno de Simón Casas al frente del coso de la Calle Xátiva.
Arévalo, que recibió a portagayola, participó de principio a fin en la lidia del tercero, un animal con motor que propició el espectáculo del bullidor espada levantino. Entró en quites, banderilleó espectácular y mantuvo el diapasón en la faena de muleta, con más raza y entrega que resultado. Con la espada, sin embargo, se enfrió todo.
El sexto fue un novillo malo y listo, al que le costaba pasar, que se fue quedando y que buscaba. Arévalo, que repitió el espectáculo en banderillas, no pudo redondear al alza con la muleta, su arrojado paso por Valencia.
Abrió plaza Alejandro Esplá, que no lució con un primero flojo y bajito de raza aunque noble, con el que pasó de puntillas. Con el cuarto, un novillo que se defendió con mal estilo, Esplá anduvo demasiado desdibujado. El segundo fue un animal con más movilidad que clase en su embestida, con un punto de genio. Con él, Casares se justificó sin más. El quinto fue un animal de embestida incierta, con el que el novillero aragonés quiso aunque sin la firmeza de otras ocasiones. La faena, no levantó vuelo.