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Esperando a la genialidad por Valencia

Cayetano, zafándose del toro de Juan Pedro / Foto: Manolo Moreno
MARIO JUÁREZ | Valencia
18/03/2010 18:17
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Tardes como la de hoy, con tres toreros artistas en el papel, son imprevisibles. Y quienes acuden a la plaza lo hacen buscando la genialidad de la inspiración, que prenda esa chispa única que haga estallar la cosa.

Pero es muy difícil que con la de Juan Pedro surja la cosa. No por la ganadería, sino porque el momento de la vacada es, cuanto menos, cuestionable. Y en su línea siguió la cosa. Una corridita excesivamente terciada, con tres primeros ejemplares que ya les gustaría matar a unos pocos novilleros y vacía completamente por dentro.

Hubo calidad en alguno de los toros, como en el jabonero segundo por la mano diestra, en el tercero sobre todo y hasta en el colorado sexto, que estaba tan derrengado que pasó más tiempo en el suelo que embistiendo. Y quería.

Con semejante material no fue tarde de grandes genialidades. Sí que hubo detalles caros de Morante con el jabonerito segundo, que puso de los nervios a las cuadrillas, fue picado muy atrás y sufrió unos pocos capotazos, pero que cuando se quedó sólo con el de La Puebla quiso embestir. No mucho tampoco, tres series, las suficientes para que Morante esparciese aroma de torero caro en el ruedo.

Desde el inicio de faena por bajo y, sobre todo, en un par de series muy buenas sobre la diestra, segura la planta, templadas las muñecas, con inspiración en el antes, durante y después de los muletazos. En el toque, embroque y remate, se entiende. Porque aunque el de Juan Pedro se fue apagando Morante desgranó un precioso ramillete de personales adornos.

No hubo más en toda la tarde. El quinto manseó de salida y al de la Puebla no le gustó. Dejó que lo lidiase Rafael Cuesta y, aprovechando la oportunidad, lo molió a capotazos. Morante se dobló con él y el toro le quitó la muleta de un zarpazo. No hubo más. Se cabrearon las masas, Morante lo mató habilidosamente y escuchó los pitos cuando se retiraba. Al arrastrar el toro, la gente se cayó. No hubo ganas ni de bulla.

Aparicio y Cayetano fueron silenciados. El sevillano dejó algún lance bueno y algún muletazo con personalidad con el que abrió plaza, un toro que terminó echándose y con el que la faena, siempre al hilo, no alcanzó a tomar cuerpo. El cuarto no tenía fuerzas pero se rebrincaba por arriba. Por ahí quiso torear Julio, al que le enganchó la muleta las más de las veces en una labor que tampoco sumó enteros a la feria.

Cayetano resultó volteado feamente en el final de faena a su primero. Un toro con calidad pero la chispa justa, con el que se gustó en un quite por tijerillas rematado con una preciosa larga. Quiso Cayetano, con ganas y disposición, al igual que quiso tomarla el toro. Muy por fuera las primeras series, mejor una tercera, más encajado. Y toda limpia. Sin embargo, el animal se vino abajo y la faena, que concluyó con esa voltereta, también.

El sexto tuvo tanto volumen como poca fuerza. No tenía mal aire, pero cualquier intento de bajar la mano terminaba con el de Juan Pedro besando la arena. Cayetano, que saludó con una larga cambiada, pasó mucho tiempo delante de la cara tratando de construir una faena imposible. No era día de genialidades.

Parte médico de Cayetano: Contusión a nivel de la articulación metacarpo de la falange del tercer dedo de la mano derecha. Pendiente de estudio radiológico. Pronóstico leve. 

VALENCIA, 18 de MARZO

Novena de la Feria de Fallas. Casi lleno.

Toros de Juan Pedro Domecq, desiguales de presentación, varios de ellos muy terciados. Flojos, descastados y deslucidos.

Julio Aparicio, silencio en ambos.
Morante de la Puebla, saludos y silencio.
Cayetano, silencio tras aviso y silencio.

Cayetano pasa a la enfermería al finalizar el festejo.
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