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Diego Urdiales, a hombros en Arnedo frente a un buen José Tomás

RUBÉN ARÉVALO | Arnedo (La Rioja)
20/03/2010 18:12
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Arnedo ya tiene su nueva plaza de toros de lujo, y el pueblo –y los foráneos- comprobaron como el local Diego Urdiales defendió su feudo y cortó tres orejas ante un José Tomás que rayó a un gran nivel. El madrileño, por encima de un lote desigual, además se gustó con el toreo de capa. Sin embargo, la corrida tuvo el borrón del ganado. Y es que los toros de El Pilar no tuvieron fuerza para desarrollar la nobleza que dejaron entrever.

La tarde estalló pronto, con las verónicas de recibo de José Tomás al segundo, un animal que salía suelto en los primeros compases y que no destacaba por su emoción. Con semejante material, el torero de Galapagar fue capaz de hilvanar verónicas suaves y templadas saliéndose con el astado a los medios. Al mismo lugar donde comenzó la faena, en la que sólo le bastó un estatuario para comenzar a torear con la zurda. Las tandas de Tomás suplieron con técnica y el acierto en los terrenos y la altura la poca chispa del animal.

Además, el madrileño se gustó en el final de cada tanda, y en uno de ellos el toro de Moisés Fraile le hizo la zancadilla con la pezuña y a punto estuvo de hacer presa en el suelo. Tras el susto, con los tendidos entregados, remató la faena con unas manoletinas despaciosas y ajustadas. Después de pinchazo hondo y una estocada el toro tardó en caer, y lo que podían ser dos orejas quedaron en una.

El quinto no tuvo ni fuerza ni emoción. José Tomás diseñó una faena larga a media altura para afianzar al toro y nunca llegó a desesperar buscando la puerta grande. Se volvió a gustar con el capote y usó el temple de su muleta como remedio a los defectos del animal. Lo hizo todo y se lo pasó cerca, aunque no era toro para apretarle. Estuvo por encima, pero el descabello le volvió a restar trofeos en la ficha. La cara al abandonar el coso a pie era todo un poema.

Diego Urdiales
no se amilanó y salió a por todas desde el principio. Había que defender su feudo, y con el apoyo de toda la plaza salió victorioso. El tercero no era un toro sencillo, por exigente. Requería una muleta poderosa y cuando Diego se la dio, las tandas estallaron en olés. El trasteo ganó enteros con la mano diestra hasta que el torero arnedano se fajó con él hilando varios pases de pecho que pusieron a la plaza en ebullición. Una estocada algo caída precedió al premio de las dos orejas.

Con la salida en hombros asegurada, Urdiales salió más relajado ante el sexto, aunque sin levantar el pie del acelerador. El toro, aunque flojo como sus hermanos, comenzó embistiendo con clase en la muleta. Duró un suspiro, pero en ese tiempo, y con la mano diestra, Diego firmó tandas de buen trazo. Después llegó el turno del arrimón, con el animal más parado, y el pasodoble del Zapato de Oro cantado a viva voz por el nuevo coso. Un pinchazo y una estocada en el sótano evitaron otro doble trofeo.

El convidado de piedra de la tarde fue Julio Aparicio. El toro que inauguró el Arnedo Arena, de nombre Miralto, salió flojo y deslucido. Con la muleta lo intentó el sevillano, no había más. El cuarto se vino abajo pronto, aunque quedará la duda de qué hubiese pasado si Aparicio no se hubiese conformado con protagonizar una faena de probaturas. Lo mejor, que estuvo hábil con los aceros.

ARNEDO, 20 DE MARZO

Inauguración de la nueva plaza de toros. Lleno.

Toros de El Pilar, desiguales de presentación y hechuras. 1º flojo y deslucido. 2º noble. 3º exigente. 4º flojo y noble. 5º inválido. 6º flojo, con calidad y a menos.

Julio Aparicio, silencio en ambos.
José Tomás, oreja tras aviso y saludos tras aviso.
Diego Urdiales, dos orejas y oreja.

La plaza de toros de Arnedo se inauguró con el toro 'Miralto', número 73 de El Pilar. 
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